Capítulo 3

Otro Mundo

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Otro Mundo

Entrar en Cap Rocat es el inicio de un viaje sensorial, un periplo para los sentidos.

Cruzar el acceso de Cap Rocat trasciende el hecho de adentrarse en un nuevo espacio. Es el inicio de un periplo para los sentidos, un viaje sensorial donde cada detalle está pensado para sublimar la experiencia y las sensaciones.

El silencio reina en Cap Rocat, ese silencio que permite respirar hondo y conectar con lo que te rodea.

Entonces descubres el silbido de la brisa, y la sensación inigualable del aire meciendo tu cabello y rozando tu piel. Las hojas de las palmeras del patio ondean con el aire. Son el contrapunto, lento y grave que te adormece en esos ratos de sobremesa, en esos días en los que el tiempo pasa despacio y te dejas mecer. Días sin más obligación que el disfrute y sin más preocupación que la de distinguir el canto de los diferentes pájaros que sobrevuelan el cabo.

Los estanques con sus gárgolas y las acequias acompañan nuestros pasos por los diferentes espacios. Al levantar la vista, delicados caños de agua nos arrullan con su suave cadencia, casi sin ser conscientes de percibirlos, durante los paseos por el recinto.

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Sobre una de las murallas de la antigua fortaleza descubrimos la espectacular piscina de agua salada. La vista se pierde, el agua se confunde con el mar y el cielo, en este formidable mirador desde el que se domina la Bahía de Palma.

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Y por fin el mar. El mar desde las terrazas, desde las habitaciones; el mar allá donde pongamos la vista. El Mediterráneo inmenso y afable, impasible antes nuestras miradas, nos recuerda nuestra verdadera magnitud.

Nos acercamos al antiguo embarcadero y todas las tonalidades de azul iluminan nuestros ojos.

En esta esquina de Mallorca, en este rincón protegido de la reserva natural, el Mediterráneo se deja ver en su máximo esplendor.

Quien dijo que la piedra no tiene alma ni aroma, no conoce Cap Rocat.

La piedra de marés sobre la que se esculpe la fortaleza está impregnada de fragancias mediterráneas: jazmín, romero, santolina, pino… y el mar. La maresía es el perfume salado que todo lo impregna, que todo lo baña.

En el interior, Cap Rocat huele a hogar, a serenidad, a leña crepitando en la chimenea en las aún tibias noches de primavera; a papel y a libros, a flores. Aromas naturales y delicados que nos envuelven y nos hacen sentir en casa.